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Acámbaro en Otomí. Lugar de Magueyes.

¿Siempre habrá pobres?

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Alejandro Pohls Hernández,

Colaborador del Diario AM-León

Hasta donde la Historia nos lleva de la mano, desde el siglo XIV a.C. existen elocuentes testimonios de pobreza y desigualdad: “Nunca dejará de haber pobres en la Tierra,” dice La Biblia (Deuteronomio 15, 11).

Durante la época de Jesús de Nazaret, las masas de miserables, pobres y sufrientes que se arremolinaban en torno a él, creían en que las autoridades odiadas, los poderosos y explotadores serían pronto derrocados y que los desposeídos, alcanzarían el control del poder y la felicidad. Pero, tiempo después, la clase sacerdotal les hizo creer a estos pobres que sus sufrimientos y miserias eran producto de sus pecados y debían de reprocharse a sí mismos sus faltas. Así, el odio y rebeldía que sentían contra sus opresores, se los cambiaron por un sentimiento de culpa y sumisión.

Sin embargo, hubo algo de consuelo para estos pobres, no todo estaba perdido: Eran los pobres los que entrarían al cielo: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos”. Mateo 19, 23-30.

En la actualidad, en el mundo viven más de mil millones de seres humanos con menos de un dólar por día y dos mil 800 millones de personas con menos de dos dólares por día, ambos grupos suman casi la mitad de la población mundial. En México, 50 millones de personas viven en condiciones de pobreza.

Pero, antes de seguir avanzando con el tema de la pobreza, habría que definir el concepto: Es la situación de no poder satisfacer las necesidades físicas y psíquicas básicas para llevar una vida digna.

El premio Nobel, Amartya Sen, se inspira en el significado original del término latino paupertas, que remite originalmente al significado de producir poco, tierra infértil o improductiva. En el enfoque de Amartya Sen, el énfasis está puesto no tanto en los ingresos, sino en el ser pobre como imposibilidad de alcanzar un mínimo de realización vital. Esta forma de ver la pobreza se inspira en la filosofía aristotélica que define la “buena vida” como aquella en que han florecido todas las capacidades existentes en la naturaleza humana.

Para lo anterior, el ser humano requiere, según Aristóteles, de la polis o ciudad, como conjunto organizado y autosuficiente de seres humanos que han realizado sus diversas naturalezas y las ponen al servicio unos de otros. El empresario Carlos Slim Helú habló de la necesidad de la reconversión urbana, haciendo relación al sentido de la polis aristotélica, que implica hacer ciudades en donde la gente trabaje, viva, estudie, se divierta y esté segura. “Lo que más urge es eliminar la pobreza y acabar con la corrupción”. Si tanto los gobernantes como los gobernados cumplieran cada uno sus responsabilidades en su ámbito, se combinarían esfuerzos y complementarían actividades beneficiosas para el país que fomentarían el crecimiento económico.

Es urgente mejorar la educación, la salud, el medio ambiente y fortalecer el Estado de Derecho que brinde seguridad, termine con la corrupción y la impunidad, que tanto daño han hecho a México. Sin embargo, desde la oscuridad de los tiempos, la humanidad no ha visto la luz de algún sistema económico, político o social, que acabe con la pobreza de millones de personas. Pero, entonces, ¿cuál es el origen de la miseria en el mundo? No existe una sola respuesta.

De acuerdo a las diferentes teorías económicas, creencias religiosas y supuestos ontológicos, son la variedad de hipótesis y respuestas etéreas que se obtendrán. En el cristianismo se dice que “serán los pobres los que disfruten del Ágape de Dios”, sin alentar la generación de riqueza. Marx, por ejemplo, señala a los modos de producción como el origen de las clases sociales y la pobreza; el economista, de Harvard, Joseph Schumpeter, habla del ciclo económico en su teoría del “ventarrón de la destrucción creativa”. Afirma la importancia vital del empresario, como factótum de la innovación que determina el aumento y la disminución de la prosperidad. Plantea que las tendencias a generar situaciones de pobreza y exclusión son una expresión natural y recurrente de la dinámica de una economía capitalista que cambia permanentemente debido a las innovaciones.

De acuerdo con algunas religiones, el hecho de que haya pobres y ricos es parte de un plan divino que nadie debe cuestionar. La angelología cristiana sostiene que hay nueve diferentes categorías y niveles de ángeles, unos más importantes que otros, inclusive unos más bellos e inteligentes, lo que pudiera ser el origen de las clases sociales en la Tierra.

Hubo también unos ángeles traidores que se rebelaron y siguieron a Lucifer… Quisieron dar un golpe de Estado a Yahvé. ¡Ya había lucha de clases y traiciones! También, se podría pensar que desde el origen primigenio de la creación de los humanos hubo diferentes categorías de personas: buenos, malos, bellos, feos, tontos y listos. Esta disparidad de capacidades, como las de los ángeles, generaron pobres y ricos, además de la lucha de clases.

México ya transitó desde la dictadura hasta un sistema de partidos; del Nacionalismo Revolucionario, al neoliberalismo, al bipartidismo y finalmente al pluripartidismo con la llegada de la Izquierda. Andrés Manuel López Obrador quiere darle otro enfoque al presupuesto, con énfasis en atender la pobreza, una especie de Teología de la Liberación, diferente de como lo hicieron sus antecesores neoliberales. ¿Cambiará la situación de millones de mexicanos o siempre habrá pobres sobre la Tierra? ¿Quién ha fallado, los gobiernos, la ciencia, la religión o la naturaleza humana? Antes de la humanidad, ya había ángeles caídos…

¿Podrá avanzar económicamente un pueblo cuya religión le infundió que “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico se salve”? A la mayoría de los creyentes norteamericanos les inculcaron otra visión de éxito, creen que si sus negocios prosperan es que Dios los quiere y se salvarán.

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 Todo indica en la historia que “unos lo tendrán todo: y otros, nada o casi nada”